Para mi, la manera más fácil de arruinar una mañana de un fin de semana es pedirle a mi hija que haga algo que no quiere y ante la negativa, dejarme llevar por el impulso de caerle encima a patadas, o a gritos que es la segunda mejor opción.
Puede resultar mejor (aunque no está garantizado) un acercamiento más amable (si se está de humor), seguido de un razonamiento calmado que contenga la promesa de algo.


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